Protocolos de agregación: La estandarización como base de las plataformas DERMS

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La interoperabilidad en el negocio de la flexibilidad

La transformación del sistema eléctrico avanza a un ritmo sin precedentes. La electrificación de la demanda, la incorporación masiva de generación renovable y el despliegue acelerado de recursos energéticos distribuidos están redefiniendo la forma en que se planifican y operan las redes. En este nuevo escenario, la flexibilidad deja de ser un concepto aspiracional para convertirse en un elemento estructural del sistema, especialmente para los operadores de redes de distribución, que necesitan gestionar la variabilidad y la congestión sin recurrir de forma sistemática a costosos refuerzos de infraestructura.

Durante mucho tiempo, la flexibilidad se ha entendido como una capacidad latente, difícil de activar de manera coordinada y a gran escala. Sin embargo, el contexto actual exige un cambio de enfoque: la flexibilidad debe ser un recurso operativo, predecible y confiable, capaz de integrarse en los procesos diarios de operación de la red. Para lograrlo, no basta con disponer de activos tecnológicos —inversores, baterías, cargadores de vehículos eléctricos o sistemas de gestión energética—, sino que es imprescindible que todos ellos puedan comunicarse y coordinarse de forma eficiente.

Aquí es donde la interoperabilidad se convierte en un factor crítico. La coexistencia de miles de dispositivos, múltiples agregadores y diferentes plataformas de gestión solo es viable si se apoya en estándares comunes que eviten la fragmentación y reduzcan la complejidad de integración. Sin esta base compartida, la flexibilidad pierde valor, se encarece su operación y se limita su capacidad de escalar. Con ella, en cambio, la flexibilidad puede gestionarse como un servicio estructurado, auditable y seguro, alineado con los requisitos regulatorios y las necesidades reales de la red.

Los protocolos de agregación surgen como la respuesta práctica a este reto. Más allá de su dimensión técnica, estos estándares definen roles, responsabilidades y mecanismos de seguridad que permiten coordinar activos distribuidos y plataformas DERMS en entornos exigentes y altamente regulados. Gracias a ellos, la flexibilidad se traduce en consignas ejecutables, eventos verificables y señales económicas claras, conectando la planificación con la operación en tiempo real.

En las páginas que siguen se explora cómo distintos protocolos, cada uno desde su ámbito específico, contribuyen a construir este ecosistema interoperable. Juntos conforman la base sobre la que la flexibilidad puede desplegarse de forma industrial, convertirse en un activo escalable y consolidarse como una palanca clave para la eficiencia, la resiliencia y la sostenibilidad del sistema eléctrico.

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